lunes, 23 de agosto de 2010

Inception


Dir: Chistopher Nolan

¿Cine de autor hecho en Hollywood? Curioso desatino. Más oportuno sería ubicar a la última película de Nolan en una extraña tendencia que viene suscitándose desde hace ya unos años en el cine veraniego: el Blockbuster inteligente. Grandes producciones, pensadas para su mercadeo mundial, pero con temáticas que se oponen a la tradición clásica del blockbuster norteamericano — estrictamente de balazos y explosiones—, hasta la fecha funcional y vigente en sus principales exponentes actuales: Bay y Emmerich.

El blockbuster inteligente apuesta al contrario, por un desarrollo de guion más profundo y filosófico. Proyectos atractivos no sólo mercado lógicamente hablando, sino artísticamente también. Usual y popularmente denominado palomero, sujeto ahora a una intelectualización por parte de sus guionistas y directores. Dicha transformación radical que no sería posible —en gran media— por el éxito obtenido de las últimas películas de Pixar, Sector 9 y The Dark Night, también de Nolan.

En este contexto nace Inception. Resulta inimaginable concebir su financiamiento hace unos años por el costo de la producción y sobre todo por el engañosísimo—tachado de complejísimo— guión de Christopher Nolan .Guión inusual: soplos de inteligencia, difícil en cierta medida para el espectador promedio y decisivamente vendible por sus múltiples momentos de acción.

Inception inicia con un primer acto suficientemente enredado. Dom Cobb (Dicaprio, atormentado) pertenece a una banda profesional de ladrones de sueños, granujas y estafadores, viajeros del subconsciente, extractores de información. Cobb es contratado por Saito (Ken Watanabe) un magnate japonés que pretende sembrar una idea en la mente de su más férreo competidor corporativo: Fischer (Cillian Murphy). Saito le ofrece, si la misión es exitosa, la posibilidad de solucionar los misteriosos resbalones de su pasado. Se junta un equipo para la operación –véase Ocean’s 11- y rápidamente comienzan los preparativos. Finaliza la primera parte.

La segunda parte del film es un asombroso despliegue estilístico que incorpora recursos tecnológicos que ya se venían utilizando en el cine de los últimos años. Por momentos- parece que se está frente a un producto totalmente novedoso. Sin embargo, el segundo acto de Incepction, no es más que un refrito perfeccionado del mejor cine de acción: las técnicas slow motion empleadas en Matrix, la gravedad cero de Apolo 13 y la acostumbrada destrucción automovilística.

La sensación de originalidad reside, entonces, en la inteligencia con la que se conglomeran y fusionan las distintas líneas narrativas con los efectos especiales. Se consigue un equilibrio idóneo entre artificio e historia hasta que se produce una extraña ruptura con las desconcertantes pretensiones jamesbondeanas de Nolan: DiCaprio se transforma en cuestión de segundos en el 007, entre avalanchas y hordas de esquimales militarizados que nos remiten al Bond Brosniano de Goldeneye . La tensión generada se esfuma. La película se cae casi por completo. Inmediatamente uno piensa que la necedad del director en incluir la escena obedece a motivaciones nostálgicas, posiblemente ligadas con recuerdos infantiles de las películas Bondianas o los libros de Fleming. Capricho despótico. Capricho cuasi-letal.

Después del desafortunado pasaje –digamos, siberiano—, Cobb se enfrentará con su peores miedos. Cabe aclarar que para este punto de la película se ha sugerido una turbulenta relación amorosa entre Cobb y su fallecida ex esposa Mal (Marion Cotillard). Probablemente aquí se encuentre el mayor y más grave descuido de la película. Nolan, maestro del detalle, virtuoso artista del cine de acción, olvida a sus personajes. Los abandona. No es capaz de regalarles el mínimo atisbo de complejidad, ni la suficiente importancia que estos merecen. En cambio, se privilegia a las escenas de acción que, en buena medida eclipsan la construcción dramática de los personajes.

Cuando uno llega al final, el descuido es imposible de vestir, completamente desnudo, nos cuestiona: ¿a alguien realmente le importan estos personajes? Y sin embargo, uno tiene un buen sabor de boca al salir de la sala y la sensación de que el guión tiene vida propia, circularidad –todo a pesar de sus huecos- uno siente que ha visto una versión light del Discreto encanto de la burguesía, combinada con el más efectivo cine de J.J Abrams. Extraña fusión. Si bien no podemos hablar de que Nolan es un autor asentado en Hollywood, sí se puede decir–revisando toda su filmografía- que su obra tiene una unidad temática y estilística. Sus obsesiones, empapan cada una de sus películas: el truco y el engaño, sello distintivo de su cine. Inception es su proyecto más ambicioso, satisfactorio en muchos sentidos. Perjudicado por una frivolidad adscrita. Frivolidad inherente en el cine hollywoodense ¿entonces, Incepction es una película realmente distinta al resto? Sí y no. Distintiva genialidad frívola.

domingo, 15 de agosto de 2010

A Serbian film


Dir: Srđan Spasojević

Circuito festivalero; portentoso rescatista de cintas en el olvido u llevadas al olvido por sus propios realizadores; desairadas, abandonadas, aplastadas por el mercado hollywoodense. Circuito propenso al fácil enamoramiento de sus programadores: cine contemplativo, experimental y exóticas piezas del subdesarrollo inundan festivales alrededor del mundo. Pero, ¿qué sucede con el tipo de cintas que no tienen cabida en ninguno de los dos campos?

En este difícil e incómodo lugar cae Una película serbia, que tiene suficientes elementos comercializables. Sin embargo, la horripilante provocación aquí cometida impide cualquier estreno comercial. Uno es beneficiario de la polémica siempre y cuando no se pase de la raya. Y Una película serbia definitivamente se pasa... y grandilocuentemente.

Para fortuna de sus realizadores, desde hace unos años han surgido algunos pequeños festivales dedicados al cine de horror, festivales nacientes que arropan películas de horror independientes que de ninguna manera se exhibirían en salas comerciales por temor de los distribuidores a perder dinero, o a una que otra demanda de alguna asociación civil en favor de las buenas costumbres. Se infiere que el público asistente a estos festivales busca, expectante y con impaciencia, las salpicaduras de sangre que habrán de cubrir la pantalla entera lo antes posible. Si en el porno el sexo aparece sin la más mínima justificación, la sangre es para el gore lo que el sexo para el porno. Orgiásticos festivales de sangre. Orgiásticos festivales de género.

Desde hace unos años, el Festival Fantasía tiene un lugar privilegiado en este género de festivales. Fue ahí precisamente donde Una película serbia, para el deleite u horror de sus asistentes, fue estrenada. La película también se estrenó en México, sólo que para horror de sus realizadores, el estreno se produjo en las calles.

Una película serbia es el debut de Srđan Spasojević, carnicero-transgresor convertido en director. En ella, Milos (Srđan Todorović) —estrella porno retirada—, intenta llevar una vida normal en el retiro. La lleva, o al menos parece llevarla, hasta la aparición de Vukmir (Sergej Trifunović), el arquetípico artista demente y en este caso ridículo hasta el punto de lo inverosímil. Vukmir le ofrece a Milos un último trabajo, pero no puede decir de qué se trata. Antagonista sirviente como catalizador a una serie de extraños sucesos que desatan las imágenes más vulgares y desagradables que se hayan visto en cualquier película en mucho tiempo. Profanidades gratuitas. Lo políticamente incorrecto se vuelve habitual. Desmembramientos de niños, escenas pedófilas nada sugerentes y sangre, mucha sangre. ¿La excusa? Una fingida y falsa crítica hacia el estado actual de la sociedad serbia. La supuesta crítica es más bien parte importante mercadotécnica del film. Esta excusa sadista del director es suficiente para su proclamación como autor de culto. Cine de serie B de varios milloncitos made in Serbia. Débil metáfora y escena final pobre. Debut ínfimo y desastroso. Provocar por provocar. La provocación por la provocación.