Quick Notes:
Érase una vez en Africa
La
caótica ciudad de Lagos alberga una de las industrias cinematográficas más
prolíficas del mundo. Sabiendo lo inequitativa que es la competencia ante un
gigante como Hollywood, los productores nigerianos
hallaron la manera perfecta para cimentar su propia industria: la pandémica
producción de videhomes de ínfimo
presupuesto rodados en condiciones precarias que, para el más anticuado de los
productores gringos, sería suficiente para un infarto al miocardio.
Lo
cierto y lo que es particularmente difícil de apreciar a simple vista es que Nollywood contiene la llave fundametal
para tratar de vencer eso que conocemos como “colonialismo cultural” y que parece afectar a la mayoría de las
naciones en el mundo. ¿Por qué los nigerianos elegieron producciones de tan
mala calidad por encima de filmes que rayan en la perfecta manufactura? ¿Y qué
con las pésimas actuaciones? En medio de toda esta anarquía estetica y
narrativa existe una elemento de profundo valor: la capacidad alucinante para
producir películas de manera abundante, de manera industrial —algo que muy
pocos pueden presumir—.
Los
africanos pueden regocijarse. Nigeria logró lo que casi ningún país ha logrado,
ni siquiera las potencias asiáticas o europeas, consiguiéndolo con muy poco o
(casi) nada de dinero. África ha llamado nuestra atención, si ponemos atención
podríamos aprender algo.
Dust in the wind
Ya
sea por falta de presupuesto, diferencias creativas o alguna muerte prematura,
los cinéfilos del mundo hemos perdimos la posibilidad de disfrutar películas
que hubieran significado verdaderos sueños húmedos para miles de nosotros.
Antes
de que de David Lynch se catapultara como un
exitoso auteur, su carrera
pareció hudirse a mediadios de los ochentas con la desafortunada adaptación de Dune. El proyecto había caído en manos
de Jodorowsky años antes, quien, dentro de su megalomanía, tenía una genial
idea de negocios: contratar a Salvador Dalí y
a Orson Welles. El ambicioso proyecto tambíen contaba con diseños de
Moebius, participaciones de Mick Jagger, Alain Delon y el OST correría a cargo
de Pink Floyd. El proyecto jamás se realizó. Aparentemente la financiación y excentricidad
de Jodorowsky pudieron ser factores para el fracaso.
El
disparate jodorwskyano contrasta con
la sobriedad del maestro danés, Carl Dreyer. Ambos cineastas parecen ser
verdaderas antípodas cinematográficas pero comparten un punto común y
fundamental: la obsesión humana. La obsesión de Dreyer por filmar una biopic de Cristo lo llevó al punto de
afirmar que “no había dia en que no pensará en mi película de Cristo”. Dreyer
escribió el guion en inglés e intentó conseguir fondos en Hollywoood, pero fue
rechazado. Las exigencias de Dreyer parecían ridiculas para la época: la
película debía ser filmada en Israel, hablada en arameo y con un cast judío.
Los productores se ríeron, Dreyer murió y nosotros tuvimos que conformarnos con
la pasión de Cristo…según Mel Gibson.
La
lista sigue, es enorme y fascina tanto como deprime: Altman, Bresson, Clouzot,
Lean, Angelopoulos. Como espectadores sólo nos queda ir al cine y tratar de no
deprimirnos. Despúes de todo, Pixar anunció la segunda parte de Buscando a Nemo.
Guy Maddin en la tierra del reciclaje
Michel
Hazanavicus
ya había roto las taquillas con la adaptación del agente OSS 117. El Artista lo consagró, pero los méritos del film no
estaban en su originalidad sino en sus carismáticos intérpretes. Quienes
parecían asombrados por la innovación de El
Artista desconocían a Guy Madinn, un canadiense que ya había construido una
carrera alrededor del cine silente.
Lo más
interesante es que el cine de Madinn parece trascender la etiqueta de género y
va más allá del pastiche. A pesar de que estar influenciado por el cine mudo de
inicos del siglo XX, más que un ejercicio nostálgico, el cine de Madinn es un
viaje a través del tiempo y se siente como un valioso ejemplo de rigor
artístico.
Hacerse
de su obra es complicado, aunque la Criterion
sacó una edición de Brand Upon The Brain!
Si se tiene demasiada curiosidad por ver su estética, hay varios fragmentos de The Saddest Music In The World en YouTube.
De todos ellos hay uno particularmente interesante: la baronesa Helen decide
conovcar un concurso para averiguar cuál es la música más triste del mundo. En
un especie de combate freestylero, los representantes de México —un grupo de
mariachis— compiten frente a frente contra un flautista de Siam. La fusión de
ambas culturas: dos maneras distintas de concebir la melancolía y al final…Guy
Madinn.
Nuevo cine filipino
Filipinas
es uno de los países más fascinantes del mundo, un auténtico nido del
surrealismo más sincretico. En un país donde el helado se come con pan de
hamburguesa y la gente tiene nombres como Aguinaldo, Orejas y Ketchup, el cine
tenía que ser una representación de esa extraña fusión que es la cultura Pinoy.
Cineastas
como Lav Díaz, Brillante Mendoza, Raya Martin y Kavhn Han catapultado el cine
filipino como uno de los cines emergentes más importantes del mundo. Y como era
de esperarse, esa violencia implícita —visual y narrativa— que caracteriza a la
cultura del sudeste asiático está por todas partes. Si un acto tan radical como
una crucifixión parece ser una práctica común en Filipinas, ¿por qué no filmar
películas igual de radicales? Dejando fuera el tema de la violencia, Lav Díaz
debutó con Batang West Side y aaparó
la atención del líder intelecutual y moral de la nueva ola filipina, Alexis
Tioseco. El film tiene un duración de casi seis horas.
La
violenta historia de Filipinas, la colonización española, la ocupación
norteamericana, tenían que ser plasmadas de alguna manera. Parece que se eligió
constuir un cine igual de radical, transgresor
y fascinante, un cine ad hoc a la cultura filipina, cultura feroz, agresiva,
alucinante. Despúes de todo, Alexis Tioseco fue asesinado con su novia en
Quezon de manera brutal. Quien escribe esta nota también perdió a un ser
querido de la misma forma en ese hermoso país dual, casi marciano, pero
terráqueo, aterrador y milagroso, a ese país que conocemos como las Filipinas.
Humor negro mexica
En
palabras del crítico Jorge Ayala Blanco, “la más insólita de las películas
fuera de serie del cine mexicano”. El
esqueleto de la señora Morales (1959) es, en efecto, una pelicula insólita.
Legítimo milagro cinematográfico, pocas veces el cine nacional ha tratado con
tanta osadía y desfachatez temáticas como la religion o la muerte; esta útlima,
supuestamente iherente en el humor mexicano. Si revisamos el acervo nacional es
difícil que encontremos un caso similar. El humor negro ha sido desairado en la
tierra de las catrinas y el cempasúchil. El absurdo y la comedia picaresca han
empañado la urgecia de construir y atersorar un verdadero cine ácido.
Pablo,
un jovial taxidermista (Arturo de Córdova), desea con vehemencia tener un hijo,
pero tiene que enfrentarse ante el enfermizo fanatismo de su esposa, Gloria
(Amparo Rivelles). Pablo tiene que lidiar con las restricciones carnales de su
esposa, tanto sexuales como carnívoras. Gloria le impide hasta comer un buen
filete y se mofa constatemente del oficio de su marido. Pablo decide tomar
cartas en el asunto: planea asesinar a su mujer.
Cruel
relato de la hipocresía y puntual crítica religiosa, El esqueleto de la señora morales es una de las pocas películas de humor negro mexicanas,
si no la única. Una verdadera joya nacional que vale la pena ser descubierta.





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